miércoles, 18 de noviembre de 2009

LA RIBERA DE HUELVA




Desde niño, mis padres, me introdujeron en este gran ambiente, de ser asiduo amante de este sugestivo paisaje, que nos brinda nuestra encantadora Ribera onubense.

Asi, , pues, en muchas ocasiones, y utilizando el tren de la línea Zafra-Huelva, nos trasladábamos hasta la cercana estación de Peguerillas y, después de recorrer la larga cuesta, que se iniciaba en la venta de "La Petaca", que nos embalsamaba nuestros pulmones, con el embriagador aroma que nos ofrecía el tomillo y romero.

Una vez, rebasada la finca de Vázquez Limón, llegábamos a la capilla de la Condesa de Barbate, donde, a las ocho de la mañana, asistíamos a la misa, que por aquellos tiempo, ofrecía el, Superior de la Rábida, el entrañable y querido Padre Genaro, de tan grato recuerdo.

Dejando, a la izquierda, el conocido y típico "Puente de los Gatos", nos adentrábamos en la callejas de Valverde, paralela a la ribera, después de descansar, bajo la sombra de los vetustos y centenarios pinos, cuya base, estaba inundada de los atiznados piñones, que recogiamos para nuestro posterior disfrute.

Continuando nuestra marcha, entre numerosas higueras y almendros, después de pasar frente,en la otra orilla, la conocida Venta de Carmona "El Loco", nos adentrábamos en terrenos de Gibraleón, hacía la casa de María Vilches, familia muy conocida, debido a nuestra vieja amistad, por la asidua asistencia a la misma.

Allí, descansábamos, nuevamente , para reponer fuerzas, dejando los pertrechos de las viandas, para acercarnos hasta la Fuente del Chorrito, lugar al que acudían a beber, tórtolas, jilgueros, verderones y otras aves, al mismo tiempo que nos entreteníamos en recoger las moras, que ofrecían su enredados zarzales.

-¡ Qué imán, tan ensoñador , nos ofrecía el manar de esta fuente!- , que servía de asueto a los enamorados, de este rincón incomparable de nuestra entrañable ribera.

Muy cercano se encontraba el cortijo de "Pajarito", y a través, de un sendero, se podía llegar a la pedanía de "Los Judios", donde , a veces, pudimos deleitarnos, ante el sabroso picadillo, que nos preparaban con aquellos enormes tomates, difícil de olvidar, a pesar del tiempo transcurrido.

De vuelta a la Venta de Vilches, mientras almozábamos, gozabamos escuchando el cacarear de las gallinas, desde el ponedero, al mismo tiempo que degustábamos el nuevo mosto olotense.

Por la tarde, después de saborear el sabroso café, ponemos , nuevamente, rumbo a Huelva, con el gozo de haber vivido una jornada inolvidable, dentro de la policromía y belleza, que nos ofrecían estos rincones maravillosos, mientras que recordaba aquel fandango, de Paco Isidro, que tanto nos deleitaba:

Árboles de La Ribera,
tened , compasión de mí,
que estoy queriendo a una rubia,
y ella, no me quiere a mi.

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