miércoles, 8 de septiembre de 2010

EL JARDÍN DE LAS CENIZAS.



Hace unos meses, en la cotidiana tertulia en la que nos reunimos, desde hace ya varios años, acudía nuestro contertulio, Manuel, con cara compungida, reflejando su rostro tristeza, que nos causó alarma, entre los concurrentes.

Ante esta extraña situación, le pregunté que era lo que le ocurría, pues algo denotaba su ánimo, siempre risueño y cumplido, como él solo, ya que por sus venas corría sangre lusitana.

Mire, Vd, don Lorenzo, hoy es el día más amargo de mi vida, pues ocurre, que me quedé viudo, hace muchos años, con tres niños de poca edad, y fue mi madre, después de criarnos a dos hermanos, la que tuvo que reiniciar su tarea maternal de nuevo, al hacerse cargo de la crianza de sus nietos.

Ella, se sacrificó, hasta que los niños crecieron, demostrando todo su cariño, en todo este tiempo, hasta que se hicieron mayores, y cada uno fueron creando sus familias, y después de mucho luchar, le llegó su hora y nos dejó para siempre, hace ya cuatro décadas.

Tanto mis hijos, como yo, cuidábamos con todo el cariño del mundo, su nicho, en el cementerio de la Soledad, renovando su arrendamiento, en su momento oportuno, pero los
años pasan volando y mis hijos, ya son mayores, y no podemos subir en el andamio hasta la quinta fila, en que se encuentra el mismo.

El arrendamiento, se ha encarecido notablemente, y como mi pensión, no me alcanza para mantenerlo , ya que es exigua , ante estas circunstancias, he tomado la decisión de incinerar sus restos, en contra de mi voluntad.

Pero, aquí, llega lo triste, cuando los servicios del crematorio, me hacen entrega de la urna conteniendo sus cenizas. Vivo en un reducido piso, no teniendo un sitio adecuado para guardarlas, y le expuse a uno de los empleados, cual era mi situación, y me contestó que la depositara en un montón de basura y estiércol, ubicado en un rincón allí próximo, y en el lugar indicado la dejé , con todo el dolor de mi corazón.

Entonces, se me vino a la memoria, lo que pude observar, en fecha reciente, en el cementerio municipal de Córdoba, al asistir al entierro de un familiar allegado, donde después de la entrega de la urna funeraria, nos trasladamos a una zona denominada "El Jardín de las Cenizas", donde fueron depositadas las mimas, a través de un artilugio, adaptado para dicho fin.

El lugar, estaba dotado de una gran profusión de flores, donde los familiares quedaron sorprendidos ante lo acogedor del mismo.

Y, ahora, es la gran ocasión que se me ofrece, para brindarle esta idea, al gran impulsor de las infraestructuras onubenses, el infatigable, don Felipe Arias, delegado, asimismo, de la necrópolis local, para que pronto podamos disponer, en Huelva, de un lugar digno, donde nuestros paisanos, puedan contar de un sitio adecuado para el fin que tratamos, y que en lo sucesivo no se repita el caso lamentable, en que se encontró nuestro contertulio Manuel, ante la difícil situación, en la que se vio sumergido, y que ha constituido el tema central de nuestra página semanal.

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