miércoles, 31 de octubre de 2012

CIII.- MANOLITO, EL DE LAS PROCESIONES.


Corrían los últimos años de la década de los  veintes, cuando ¨Manolito", el popular vendedor de la panadería  de "El Loro", por las mañanas invernales nos despertaba ,con su famoso pregón de  "Molletas Calientes"

Este hombre, amable y sencillo, de unos treinta años de edad, era un ferviente entusiasta de nuestra  Semana Santa y siempre se le veía en el acompañamiento a sus imágenes de mas devoción, por lo que nuestros convecinos le conocían como  "Manolito el de las Procesiones"

Era tan grande su  pasión por las cofradías, que decidió entre la chiquillería de la calle de  San Andrés  y contorno, calentarles el  " meollo" y organizar una procesión, con la imagen de una Dolorosa pequeña, que había adquirido hacía unos años y que adoraba con toda su devoción.

Así, con la ayuda que les prestó el  popular carpintero del barrio y presidente de la  " Tertulia del Litri",  Paco Sáenz, construyendo una parihuela y palos, que colocándoles una vela, hacían de cirios,  que pintaban de blanco y con un trozo de tela morada, compusieron una bandera, con el que decoraron al "paso" de su Virgen, exornándolo con gran profusión de flores.

Detrás marchaba la banda, formada por chavalotes, que portaban unos tambores y cornetas doradas, adquiridas en el   "Bazar del 0'95", de la calle Botica, pero que permanecía muda en todo el desfille...

De esta forma se adentraron  en la calle de  la Fuente, para seguir por  Paseo del Chocolate, pero advertido el Arcipreste y Párroco de San Pedro, don Pedro Román Clavero de dicha comitiva, al llegar a  su cercanía, ya había sido advertida la Guardia Municipal y desde el "Avellano", se desplazaron varios números, que procedieron a su disolución, siendo las parihuela depositada en la Prevención Municipal, hasta que  "Manolito el de las Procesiones", juró no meterse en más líos en su vida, y llevarse la imagen para su casa.

Recuerdo este suceso, cada vez que al desplazarme a Sevilla, coincidiendo con la Pascua Florida, en la que en todos los barrios, presencio procesiones infantiles, con gran admiración, ya  que constituyen  el germen  que sustentaran a las futuras  cofradías de la  capital hispalense, que  vive durante todo el año su ilusión por  su  Semana Mayor,

Al  paso del tiempo, una tarde ,ya sesentón, tuve la ocasión de saludarlo en la tienda de mi padre y cuando le traje a la memoria , su célebre procesión, con tristeza, nos comentaba:

"  En aquellos tiempos, los curas eran diablos ".

Cuando ya goza del Cielo, porque era un bendito, ya le habrá contado a San Pedro, su peripecia terrena.

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